Tan vacío.

Jamás podré entender, estos ataques de ansiedad que se apoderan de mi ser, mi alma es como una diana que a cada instante recibe golpes certeros que van calando muy dentro de mí.

¡Tan solo!

¿Alguna vez sentiste tanta soledad, tanto vació?

No puedes sentir ni siquiera tú esencia ni la esencia más primitiva, ese apetito voraz de la oscuridad consumiendo mi interior. Saca todo lo bueno, saca todo lo malo, no queda nada. Infinita como el espacio.

Sentirte tan lleno de nada. Mierdas y palabras de aliento cruzan una y otra y otra y otra vez por delante de mis ojos, y mis oídos sangran al no poder oír, y mi boca se seca y se pierde entre tanto grito, todos ahogados, nadie responde. NADIE.

¿Acaso podría ser peor?

Claro que sí. Zanjas certeras y tenaces se abren camino entre mis anhelos, destruyendo uno a uno mis sueños, haciendo pedazos hasta la más ínfima gota de esperanza que sacude su débil cuerpo dentro de tanta oscuridad.

¡Maldita sea la hora en la que perdí de vista aquel motivo que hacía de mis horas más amargas el más dulce néctar!

Ya ni el sol me calienta ni la noche enfría. Son las miradas vacías, las horas perdidas, los días  tan desolados los que quedan hoy.

Pasar la saliva es lo único que me separa de aquel frió cadáver que yace en su tumba, pero es tan amargo el sabor del cigarro que agrieta mi garganta y la hace sangrar.

¿Cuanto más se puede soportar el dolor de esta nada?

Pues se convierte en todo por ahora, quizá en estado permanente. Y no son heridas que no cerraron, no son recuerdos que no se borraron. Es un nuevo estado que se forja con sangre, saliva y humo: El estado de la nada, que es un todo, aquí, dentro de mí.

Bienvenida sea mi nueva paz, sin paz, que no llena pero parece ser lo único que necesito por ahora, quizá para siempre.

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Gritan mis dedos.

Pasan las horas, paso saliva y me encuentro con ella nuevamente. Dama de negro con un puñal en la mano, vuelvo hacia ti como vuelve el hijo prodigo a su hogar, devastado, aniquilado. Me recibes y me adoras, me matas, no me sueltas, me asfixias, pero me haces compañía, eso me basta.

Solo, siempre solo, caminan junto a mi sombras multicolor que intentan teñir mis ya gastadas ropas con verde, rosa, lila, blanco,  la tinta no funciona, no se impregna no se queda, se desvanece.   Estoy cubierto de una sustancia gris, aceite de llanto. Tanto se ha derramado, tanto he dejado ir.

Me veo a lo lejos, soy yo fuera de mi mismo, veo mi cuerpo: Cuanta decadencia en tercera persona.

“…Hay golpes en la vida tan fuertes, él lo sabe, como si viviera  en un ir y venir de acontecimientos penosos, como si la vida se hubiera ensañado con el, no por dar lección, no por reprender, sino por placer, por la dicha de verlo levantarse de entre sesos y sangre y huesos rotos.

La vida, puta maldita, perra  caprichosa que elige a su voluntad quienes serán los bufones en su circo, la taquilla al precio más alto del mercado.

Él deja que lo seduzca, y se mancha del aura superficial de las personas, ¡Hipócritas que dicen amar lo espiritual, lo eterno, lo divino pero que se dejan comprar por algún culo bien puesto, un cuerpo bien marcado o un buen bronceado, en su punto! ¡Chocolate para darse el gusto! Se mancha y se siente uno más, se regodea  en la inmundicia de su vida.

Ella lo observa, desde el fondo de su ser, quieta, vigilando y esperándole. La soledad no conoce del tiempo, es ajena de todo concepto temporal, para ella solo interesa lo infinito, lo eterno, lo supremo…”

¿Creíste acaso que todo el tiempo el payaso tiene la cara pintada?

Cuanta mierda escrita, cuantos lapiceros ahorrados, cuantas ideas se mezclan, cuanta soledad me acompaña esta noche, me brinda de su calor, se acuna en esa vertiente oscura que habita en lo más profundo de mi alma, y  se cobija bajo la sombra del gran roble.

Es suficiente por esta noche, hoy no quiero saber de métrica ni de estética, hoy solo soy, un loco acomplejado, preso de sus miedos e inseguridades que busca refugio en algún espacio dentro de este gran mundo digital, un grito,ni de auxilio ni de protesta, un grito ahogado, frustrado. No busco más redención, no busco más compañía. Lo he comprendido ahora, tan solo necesito aceptar lo que soy e intentar convivir con ello.

Buenas noches, mi dama me espera, porque me siento solo y ella me cobija. Divina soledad, divina oscuridad.

A quien baila en mi interior.

Verla bailar es realmente un placer, sin duda nació para ello. Sin embargo noto por instantes un toque de preocupación en ella, es claro, quiere que todo sea perfecto, pero nada es tan perfecto como ella, su danza hipnotiza cada átomo de mi cuerpo, que la ovaciona en cada paso, cada giro, cada salto. ¡Bravo!.

“Una habilidad innata es solo el carbón que se debe pulir hasta convertirse en diamante “.

Al Clan: Todas las almas que pertenecen al clan se esfuerzan tanto como ella. Su esfuerzo es el boleto a la grandeza. ¿Es que no notan lo grandes que son ahora? ¿Se dan cuenta cuan grandes pueden llegar a ser?, claro no todo es perfecto, la búsqueda de la perfección puede suele ser un camino largo en el que pueden perderse. No tomen ese camino, es engañoso y los divide.

La princesa toma sus manos y les da aliento, su luz es la que ilumina mis ojos ahora, tanto veo en ella que no me alcanzan las palabras. Suspiro.

No se da cuenta, ella guía sus pasos, sobre ella están todas las miradas:  la dulce, la acongojada, la alegre, la seria, la serena, la anticipada, la enamorada; todas se posan sobre ella – “¡GUÍANOS A LA GRANDEZA!” – se oye mientras dan un paso, y otro, y otro y otro más; alguien se pierde, comienza la danza nuevamente.

Gotas de sudor surcan su frente, invaden su cara, ella lucha y no se detiene, nunca se detiene, aunque la pierna se doble, aunque la mano se quiebre y la lágrima llegue; ella no se detiene. Solo la veo y mis ojos se hacen uno al compás de sus movimientos, mis ojos bailan junto a ella, bailan con ella pero sin ella. Suspiro

-¡Dalo todo en la escena! ¡Dalo todo en la angustia! ¡Dalo todo en la duda!, da todo de ti y no te detengas siquiera para mirar atrás, solo hazlo cuando sea necesario, cuando hayas olvidado tú centro y vuelvas por el, retoma el paso: uno, dos, tres…, cinco, seis, siete… –

Suenan aplausos, llegan las rosas, bajan las luces. Cae el telón.

¿Cuando es su próxima presentación?.Silencio.

No es fácil.

Terminar una historia no es fácil.

El escritor sabe que faltan unas cuantas lineas para terminar su obra maestra, tantos días, meses, incluso años de trabajo para llegar a ese momento. Una mezcla de sentimientos lo invaden pero, el que más se manifiesta, con cada linea avanzada, con cada palabra, es la tristeza. Llega a él entonces la pregunta universal ¿Qué hacer cuando termine? ¿Qué hacer una vez que llegue el momento del punto final? ¿Qué será de él? y sobre todo ¿Qué será de su obra?.

Se detiene y la observa, la besa y, acompañado de un llanto incontrolable,  acepta el destino de su ser y aún si saber de su porvenir, cierra los ojos y da por finalizado tanto esfuerzo, tantas noches en vela y tantas horas perdidas entre borrones y cuentas nuevas. Llega el punto final.

Terminar una historia nunca es fácil.

El lector sabe que está en las últimas páginas del libro, lo sabe pero no hace nada por detenerse, simplemente disfruta cada palabra, cada hoja, y no le importa cuanto tiempo aislado del mundo esté o cuan perdido de su realidad se encuentre, el está simplemente enamorado de aquel libro, no lo piensa dejar. Pero llega un momento, en el que el peso de una tapa ya es más que evidente, en el que tienes que sujetar la parte más delgada del libro para que no se cierre, en el que te empiezas a preguntar ¿Qué pasará cuando lo termine? ¿Habrá segunda parte? ¿Existirá un secuela? ¿En que ocuparé mi tiempo? tiempo que, obviamente, compartías con ese libro; y sobre todo ¿Qué será de mi sin él?.

El lector ignora su destino hasta el momento de llegar a la ultima hoja – ¡Carajo!, ¿Ya lo acabé? – de golpe se da cuenta que ya no hay más allá, que simplemente, terminó. Repasa una y otra vez esa página, buscando alguna respuesta, buscando algún rayo de esperanza que le demuestren que aún hay mucho más por descubrir. Lamentablemente para él, llegó el punto final.

Terminar una historia jamás será fácil.

Y aunque el escritor decida escribir otro libro, sabe que el final que diseñó para su historia le impedirá retomarla. Una nueva historia verá nacer en su mente.

Y aunque el lector decida leer otro libro,  sabe que no encontrará ni secuela ni precuela ni segunda parte de aquel libro del que se enamoró, era una sola historia, una sola trama, un solo final. Un nuevo libro tendrá en sus manos.

Y aunque se escribiera o leyera otro libro, sabrán, muy dentro de ellos, que nada podrá llenar aquel vació que dejó la experiencia de aquella historia que los envolvió, que los hizo suyos y que, sin querer, se hizo un espacio en sus almas. Tendrán que aceptar la insoportable realidad del saber que un punto final terminó con eso hermoso que los hizo uno solo, un solo cuerpo en el espacio infinito donde las palabras dominan las almas.

Pero sobre todo sabrán, sobre todo comprenderán que, terminar un historia, nunca será fácil.

Real.

Eres como la mujer de mis sueños,
como la luz al final de cada madrugada,
esa mujer, que suele cantarme
arrullitos de amor, coplas de alegría.

Eres como la mujer de mis sueños,
como lágrimas de ambar sobre su rostro,
como el aroma dulce de la primavera.

Eres como la mujer de mis sueños,
como la que me estremece en su abrazo
y me calma en el beso.

Eres como la mujer de mis sueños,
pero tú, tú eres real.

Almas gemelas.

En algún lugar dentro de una gran ciudad, entre el ruido de la gente y el humo de los autos iba caminando Johan, un muchacho algo descuidado de veintialgun años, con una mirada que parece perderse dentro de la mirada de los demás. Es fotógrafo en uno de los periódicos más solicitados del medio y, aunque trabaja en lo que realmente le gusta, él no se siente feliz.

Una mañana como cualquiera despertó y, como era de costumbre, suspiro 3 veces antes de salir de la cama- ¿Algún día podré verla de nuevo?- Se decía a si mismo frente al espejo del baño. ¡Será otro día aburrido! ¿Y si un meteorito cae a la tierra ahora mismo?, bueno al menos haría interesante mi día. – Pensaba mientras caminaba hacia su trabajo cuando de pronto quedó atónito frente a una figura que lo desencajó por completo, ahí estaba ella, la chica de sus sueños, la mujer con la que soñaba casi a diario, inmediatamente sacudió su cabeza y corrió tras ella.

Después de unas cuadras de seguirla se armó de valor y se preparó para hablar con ella. Hola, ¿Qué tal? – Decía él con una sonrisa que no cabía en su rostro – Bien, bien supongo ¿Lo conozco? – Dijo ella mientras trataba de comprender porque un extraño la saludaba de esa forma – ¡Te he visto, te he visto antes y te veo ahora!, estoy muy enamorado de ti. ¿Disculpe? Lo siento señor yo no lo conozco, es la primera vez que lo veo ¿Por qué esta tan seguro de estar enamorado de mí? Por favor no me haga perder mi tiempo. Pero Johan era insistente, y empezó a contarle que no era ningún loco y lo que pasaba era que desde ya hace 3 años venía soñando con ella, con una mujer con la que conversaba siempre, una mujer que lo escuchaba siempre, que lo entendía, una mujer que hacía de sus días una bendición o al menos en sus sueños era así. Debe parecer una tontería, lo siento. –Bueno, la verdad no suena tan loco como parece, sabes, acabo de recordar que algo parecido me ha estado pasando a mí también, ¿Gustas tomar un café? – Dijo ella con una sonrisa muy confiada, después de unos segundos contestó él –De acuerdo.

Luego de una plática extendida él lo supo, la amaba. ¿Sabes? Siento que te amo – ¿Y cómo puedes estar seguro de ello? –Simplemente lo sé. Ella sonrió algo avergonzada, no podía evitar sentir algo extraño por aquel muchacho que no dejaba de mirarla tan dulcemente.

De pronto, sin que ellos lo planearan, fue de noche y ambos caminaban por un parque tomados de las manos mientras seguían conversando, parecía como si se conocieran desde hace mucho tiempo. Antes de despedirse él la miro, la abrazó fuerte y la beso y ella le correspondió, en ese instante empezó a llorar – ¿Qué pasa? –No lo sé, no quiero perderte nunca ¡Nunca! –Tontito, nos vamos a ver mañana lo prometo – ¿En serio? ¿Lo prometes? – Si, te lo prometo. Ambos quedaron en silencio por un instante, sentían que el mundo era de ellos, que lo podía todo: Eran almas gemelas.

¡Hasta mañana Johan, cuídate! – Tú también cuídate ¿sí? Sus miradas no se soltaban, no podían, estaban enamorados, eran felices, hasta que una luz cegó por un instante a Johan, cuando volvió a abrir los ojos era ya de día, estaba sobre su cama, suspiro 3 veces y se levantó, fue solo un sueño. Miró el espejo de su baño pero esta vez no dijo nada. Camino a su trabajo se topó con un funeral, hubiera seguido de largo si algo no le hubiera parecido familiar, una foto sobre aquel ataúd lo dejo helado, era aquella muchacha, la de sus sueños, entró corriendo y se acercó al cajón, si, sin duda era ella. Era tan joven, ¡Toda una vida por delante! Al menos su sufrimiento acabó –Dijo una anciana que estaba junto al ataúd – ¿Qué le pasó? –Preguntó Johan desorientado – Ella estuvo en coma por 3 años por culpa de un accidente, pero ayer su corazón no pudo resistir más y se fue, lo extraño fue que pude notar una sonrisa en su rostro antes de que muriera, eso me dio paz, por eso estoy segura que ahora está en un lugar mejor. ¿Era Ud. amigo suyo? –No, claro que no, solo me dio curiosidad, hasta luego. –Adiós joven.

Salió de aquel lugar sin decir una sola palabra, ¡Gracias, cumpliste tu promesa! – dijo mientras un lagrima se extinguía en su sonrisa, la limpió y siguió su camino.

Inseparables

En las afueras de una gran ciudad, muy cerca de un lago y en la cima de una colina había una pequeña chocita en donde vivía una señora junto a su hija. Luna, que era el nombre de aquella niña, era una pequeña muy tímida, callada y muy poco afectiva, pues no muchas veces se la veía demostrando cariño a su madre. Sin embargo, contrario a lo que parecía era una niñita con un corazón enorme pues tenía un amor muy especial por sus juguetes, ya que como en su casa no contaban de mucho dinero, eran ellos quienes la hacían olvidar por el hambre y las penurias que sufrían a diario. Cierta mañana, Luna correteaba por el patio de su casa como de costumbre, jugando con sus muñecas y sobre todo con una en especial, Carmín, era su muñeca favorita, en realidad para ella era mucho más que una muñeca, era su mejor amiga. Siempre estaremos juntas ¿verdad Carmín?- decía la pequeña luna mientras peinaba el sedoso cabello de su amada muñeca. Esa misma mañana, mientras la madre de Luna estaba realizando los quehaceres del hogar escucho un grito agudo que provenía del patio. ¿Luna, estás bien?-Gritó la madre mientras corría a ver qué pasaba. Mientras Luna jugaba un pajarillo tomo por el cabello a Carmín y la subió a un árbol. ¡Hay, no te lleves a Carmín, no te la lleves! – Gritaba la pobre Luna -¡Yo te salvaré! – decía mientras subía aquel árbol. ¡Tenía que salvar a su mejor amiga! Una vez que Luna llegó a la parte más alta del aquel árbol, vio como Carmín parecía cobrar vida y tomaba por las alas a aquel pajarillo y se las arrancó de un golpe mientras comía su cabeza, luego vio a Luna y dijo: “Tranquila, nadie podrá separarnos”, Luna gritó despavorida y cayó del árbol golpeándose la cabeza muy fuerte. Cuando la madre de Luna llegó al patio lo que vio la inundó de un terrible frio que estremeció su cuerpo y la paralizó, Luna, yacía en el piso, desangrándose por el duro golpe que le produjo la caída, mientras peinaba a Carmín repitiendo con voz susurrante: “Nadie podrá separarnos”.